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Agile, ¿significa ir más rápido?

Cuando vemos que un esquema de trabajo se desglosa por un diagrama de Gantt y que en sus apartados no se lee la palabra “fase”, sino en su lugar se sustituye por la palabra “sprint”, es algo que sin duda nos inquietará. Pero no es más que una pequeña parte de las metodologías ágiles que se están implementando en las empresas; en especial en aquellas especializadas en desarrollo de software.

El término “agile” está asociado a una serie de herramientas que, estructuradas correctamente, producirán resultados óptimos en relación a un proyecto. Sin embargo, esta obtención de resultados nos lleva a formularnos las siguientes cuestiones, ¿cuáles son los resultados esperados?, ¿si esos resultados ya están establecidos y no tienen cabida para las modificaciones?, o si bien ¿está conformado un “comité” de gestión para los cambios?, ¿cómo actúa en un proyecto? Y ¿con qué tipo de procesos interviene?

Ante estos planteamientos, evidentemente resulta importante el aplicar periodos en los cuales el equipo de trabajo se reúna en aras de desarrollar una parte fundamental del proyecto (sprints), además de asegurar que se cumplirán con cada uno de los hitos determinados. Por otro lado, esto nos hace cuestionar si ¿estos procesos sirven para eliminar la incertidumbre?, o ¿si es oportuno pivotar las priorizaciones del backlog de las historias de los usuarios?

Es importante hacer acotar que la naturaleza de las metodologías ágiles no están arraigadas con el hecho de cumplir al 100% con la planificación pautada –incluyendo las fechas de entrega– todo esto está sujeto a cambios. Tampoco está asociada con la ejecución de proyectos de gestión en plazos rápidos o “ágiles”.

Hacer un mal uso de la terminología agile o del conjunto de sus metodologías en sí, puede conllevar a una confusión acerca del desarrollo de un proyecto: se pueden dejar a un lado los riesgos propios de un producto o servicio, sin embargo, es necesario centrarse en la gestión del proyecto y en sus fases.

Características de proyectos gestionados por métodos ágiles

  • Incertidumbre: Está relacionado con las necesidades estratégicas que se desean cubrir pero dándole una libertad de trabajo al capital humano involucrado.
  • Equipos auto-organizados y autónomos: En este punto no existen roles definidos para los equipos.
  • Autonomía: Las partes involucradas –empresa y cliente– tienen libertad para la toma de decisiones.
  • Auto-superación: Se establecen cronogramas para evaluar el desarrollo y avance de un proyecto.
  • Auto-enriquecimiento: Transferencia de conocimiento entre los integrantes del equipo.
  • Fases de desarrollo solapadas: Desde un principio no se crean las fases como tal, sino que se van creando actividades/tareas en función de los cambios que se vayan registrando durante el desarrollo del proyecto.
  • Control sutil: Se trata de la creación de un punto de control para el seguimiento de las tareas. Se recomienda también:
  • Evaluar el entorno laboral, de esta manera se seleccionarán personas no conflictivas para integrar el equipo de trabajo.
  • Reconocer los méritos, resulta oportuno implementar un sistema de evaluación que permita identificar los errores y convertirlos en puntos de mejoramiento y aprendizaje.
  • Maximizar y cuidar la interacción entre el equipo y el negocio, esto para que se puedan conocer las exigencias y necesidades en primera instancia.
  • Difusión y trasparencia del conocimiento: Es importante rotar a los miembros del equipo en cada uno de los proyectos recibidos. Asimismo, deben tener acceso libre a la información y a la documentación para garantizar los niveles de excelencia.

En resumen, las metodologías ágiles simbolizan un enfoque diametralmente distinto a las metodologías predictivas, es decir, otorgan un enfoque más centrado en el cliente y para determinadas empresas y proyectos como el desarrollo de software o el marketing son idóneas. Sin embargo, esto no quiere decir que se deseche cualquier otro método para optimizar los procesos operativos.

Dada esta particularidad, es posible aplicar en un proyecto las metodologías tradicionales en conjunto con las metodologías ágiles. Para ello, basta con conocer exactamente qué ofrece cada técnica para luego ponerla en marcha en la etapa de desarrollo de un proyecto determinado.

Pero, para terminar, recuerda que Agile no significa (necesariamente) hacer las cosas más rápido. Significa acercarse más rápido a lo que el cliente desea, trabajando en pequeños sprints de tiempo que validan las necesidades del cliente y sus preferencias y le ayudan a validar su producto; significa organizarse mejor, ser más eficiente en no hacer cosas que nadie quiere; significa que el cliente decida el rumbo en cada bifurcación; significa que el equipo reflexiona sobre cómo ser más efectivo para a continuación ajustar y perfeccionar su comportamiento; En suma, agile significa que la mayor prioridad es satisfacer al cliente gracias a entregas tempranas y continuas.

Serie de artículos sobre metodologías Ágiles:

  1. Qué son las metodologías ágiles y principales ventajas
  2. Diferentes metodologías
  3. ¿Agile significa más rápido?

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