[:es]La batalla del tecno-utopismo: tras las máquinas, las personas[:]

[:es]En el anterior post hacía una pequeña reflexión sobre machine learning y deeplearning y lo importante que son esas tecnologías para el desarrollo de nuestra sociedad en el futuro próximo, y ahora quería profundizar, pero desde el punto de vista de las personas y el aprendizaje. ¿Qué pasará con las personas cuando las máquinas puedan aprender todo o casi todo?

Siempre digo que en la sociedad actual, se tiende a sobreestimar la tecnología a corto plazo y a subestimarla a largo plazo. Por ejemplo, cuando Graham Bell inventó el teléfono, se creyó a corto plazo que esta innovación revolucionaria en la comunicación eliminaría las oficinas y se trabajaría desde casa -cosa que no ha ocurrido- pero se subestimó las consecuencias sociales que tendría… como pasó con la invención del móvil.

Las nuevas tecnologías (en adelante, NNTT) suponen un reto para el que la sociedad no está preparada. Se confunde la hiperconectividad con la evolución, cuando en numerosas ocasiones la hiperconectividad es un problema endémico ya que se pierde capacidad de reflexión y creatividad, se tiende a la hiperdependencia y a creer que todo se soluciona con un clic.

Machine Learning

Los límites de las Nuevas Tecnologías: ¿cuándo es demasiado?

Con la avalancha de las NNTT estamos viviendo una “desintermediación“, donde la principal compañía de taxis internacional (la aplicación Uber) no cuenta con un solo taxi propio; la principal compañía hotelera del mundo (airbnb) no cuenta con un solo hotel y uno de los principales bancos mundiales (ING) no cuentan con una sola oficina central… “¿Cuál es el límite?” es la pregunta que tecnólogos y filósofos se hacen ante estos acontecimientos que cuesta responder.

En efecto, académicos ingleses han empezado a nombrar la hiperconectividad de las personas en todos los ámbitos de la vida cotidiana con un nombre: el síndrome del “tech-neck” o del cuello torcido por la imagen de la gente continuamente mirando el móvil durante todo el día.

Esta excesiva hiperconectividad, además de problemas articulares, crea problemas psicológicos tales como hiperdependenciasíndrome de abstinencia cuando uno se deja el móvil en casa, crisis de ansiedad cuando se cae la conexión a internet, etc.

Incluso cuando se crea un nuevo espacio de aprendizaje, el reto está en crearlo apartado de las NNTT, en hacerlo offline para que pueda crearse un espacio para la reflexión sin tener que estar pendiente de la retroalimentación, el registro de datos, etc. Solo pensar en que sea offline crea malestar, incluso pánico.

No se piensa en que el exceso de hiperconexión permanente crea lagunas de comunicación entre las personas, que la comunicación interpersonal es necesaria, el interactuar cara a cara. Todo proyecto de aprendizaje tiene que estar “envuelto” en esta tecnología para ser validado, aceptado.

De hecho, ya se empieza a hablar de una “Escuela de Frankfurt digital” en la que se pone en cuestión lo que miles de académicos de todo el mundo apoyaron durante décadas, la implantación de las NNTT en el aprendizaje. Desde esta escuela se habla del “solucionismo”, es decir, que todo problema social, político, económico, etc., tiene una solución tecnológica, incluso alguna aplicación específica. En palabras del académico Cristóbal Cobo, se habla de “la transición del Vaticano a Silicon Valley“.

Las contradicciones de las TIC en la formación y aprendizaje

Resulta inquietante pensar que la nueva era a la que la sociedad se está enfrentando tiene una antigüedad de tan solo 8.000 días, cuando parece que haya transcurrido un siglo desde que todo pareció “estallar”…

A todo ello, se suman las contradicciones de una era obsesionada en tecnificar al estudiante y los procesos de aprendizaje. Se destinan numerosos esfuerzos y recursos a equipar escuelas y universidades con tabletas y portátiles mientras un alto porcentaje del fracaso escolar se debe a la excesiva tecnocratización del adolescente.

Por otra parte, poner en el currículum vitae que se es diestro en entornos de office (Word, Excel, Power Point…) ha pasado a ser algo anacrónico ya que “se nace” con estas destrezas (suena como si alguien pusiera que sabe leer y escribir) y el avance de ciertos programas de software dejan en segundo plano el aprendizaje del alumno, que queda en segundo plano.

Por ejemplo, ¿en qué lugar queda el aprendizaje de idiomas -en el último siglo estandarte de la modernidad-, cuando Skype ya presenta versiones en las que la máquina traduce simultáneamente la voz del interlocutor a varias lenguas?

Efectivamente, existen ya softwares que podrían pasar muy satisfactoriamente el Test de Touring -matemático, padre del primer ordenador- que consiste en discernir si con quien se está hablando es un programa informático o una persona. Ello se debe a que ya se han inventado softwares que “interpretan” el contexto comunicativo -principal escollo de los programas de traducción automática- como uno que interpretaba preguntas sobre las novelas de  El Señor de los Anillos.

El reto ¿contra? el machine learning

Ante la amenaza de que las máquinas acaben suplantando al hombre en el trabajo por su poco margen de error (porque las máquinas aprenden) -cada vez existen menos cajeros humanos en los supermercados, y a este paso, la traducción humana está en peligro- se impone no solo especializarse en un área concreta de conocimiento, ya que la obsolescencia programada ya llega a las universidades, sino en hacerse preguntas sobre el conocimiento existente -base del conocimiento científico- y pasar de gestionar contenidos, profesión muy en boga en la actualidad, a crearlos.

Foto: https://www.flickr.com
Autor: © Erik Charlton[:]